BANDERILLAS 2010

Eran las 4 menos 10 de la madrugada del sábado 26 de junio cuando comenzaron a llegar los componentes de la Ruta Banderillas 10 a la Plaza de Miguel Hernández de Redován. Todos llegaron, menos uno, al que hubo de buscarlo en casa.

El viaje largo pero bueno. A las 8 de la mañana estábamos en Pontón Alto. Después de llevar un coche al nacimiento del Segura, para acortar la marcha al día siguiente, comenzamos la Ruta.

La primera parte fue estupenda: con todas las fuerzas intactas y bajando por un valle larguísimo. De cuando en cuando divisábamos en la lejanía nuestra meta. Dos puntos blancos en lo más alto de todo el paisaje nos esperaban como dos banderillas.

Alrededor de las 10 de la mañana llegamos al paraje conocido como “Las Espumaderas”, no sin antes habernos encontrado a un guarda forestal que nos recomendó guardar fuerzas y agua para el final. ¡Qué razón tenía! En Las Espumaderas tomamos un ligero almuerzo y después de consultar mapas y gps continuamos la marcha. Un poco de despiste en el camino y ¡zas!, atravesamos el riachuelo por un lugar lleno de maleza. Al otro lado estaba, ¡el puente!

El camino comenzaba un ligero ascenso aguas arriba del riachuelo y alcanzamos un paraje bonito donde estaba el salto de la poza de los Centenares. Poco más adelante y cuando el valle se ensanchaba dejamos el arroyo y subimos a una loma donde se encontraban varias casas derruidas, de las cuales sólo quedaban montones de piedras y vigas de madera. Era el cortijo de Cayetano.

De ahí y todo cuesta arriba llegamos, con alguna parada intermedia para refrescar, dado que empezaba a hacer calor, (eran las 12 del mediodía) a la aldea de los Centenares, donde las casas, aunque abandonadas, todavía tenían aspecto de ellas, incluso algunas presentaban signos de estar habitadas, prueba de ello, algún pequeño huerto delante de ellas.

El calor apretaba y la meta, lejos de acercarse, parece que se alejaba cada vez más. Así que después de un breve descanso continuamos el camino por una pequeña pista, que cuando termino de ascender se convirtió en un sendero que de nuevo continuaba hacia abajo por un valle profundo.

En un lugar indeterminado, donde un arroyo discurría desde la izquierda, dejamos el valle y continuamos fuera pista hasta encontrar un sendero marcado en las vaguadas de arriba.

Siguiendo el sendero y después de dejar atrás las indicaciones de Pontones 3’5 horas y Cotorríos 4’5 h, nos dirigimos hacia Pontones buscando un buen lugar para poder comer.

Esto lo hicimos al pié de uno de los pocos pinos gigantescos que quedan por esos lares, que por cierto era por la parte de arriba del paraje conocido como la Hoya de la Albardía.

La tarde no se presentaba tan calurosa como nos temíamos. Eran las tres y media de la tarde cuando de nuevo nos pusimos en marcha. Siguiendo el camino de Pontones durante un escaso kilómetro nos desviamos a la derecha y subimos por un valle hasta un collado desde donde se divisaba la pista forestal del Pinar Negro. Allí tuvimos que perder bastante tiempo, ya que subiendo el valle (cada uno a su pellejo) un componente de la marcha se desvió a la derecha, a la zona de los acantilados sobre el río Aguasmulas, y sin avisarnos tomó un atajo hacia la pista de subida al Banderillas. Todo el grupo creyó que se había rezagado y después de varias esperas y dado que el teléfono móvil marcaba apagado o fuera de cobertura, se decidió regresar al collado para tratar de localizarlo. Cuando estábamos en ello un numeroso grupo de Callosa de Segura que habían subido por el Tranco del Perro y que pensaban bajar por el Aguasmulas nos informaron que en la primera montaña había uno esperándonos.

Reorganizado el grupo continuamos la subida. Era ya alrededor de las 6 de la tarde cuando dejando la pista nos disponíamos a atacar el último sendero. Las fuerzas estaban ya mermadas después de 10 horas de marcha y a las 6’30 h. hicimos cumbre (claro, unos antes que otros).

Ya en los refugios, ¡sorpresa! Tanto el grande como el pequeño lo tenían ocupados los forestales. Nos propusieron dormir en el pequeño, que estaba vacío porque tenía humedad al estar roto.

Después de debatir sobre las diferentes opciones que se nos presentaron, optamos por bajarnos con el forestal que acababa su turno, montados los 9 y él 10 en el Pick Up todoterreno que llevaba. Todos arriba nos condujo por el Pinar Negro, La Tiná de las Palomas hasta la Cañada de la Cruz. Desde allí retomamos la marcha hasta llegar al nacimiento del río Segura, siendo ya las 9 largas de la tarde. Aprovechamos para lavarnos un poco y comentar diferentes aspectos sobre la marcha, mientras los conductores traían los coches.

El problema era ahora la noche. La propuesta era dormir en una báscula que había en el pueblo, naturalmente en los sacos de dormir. Pero conforme caía la noche fue ganando la idea de buscar alojamiento en Pontones.

El hotel estaba lleno. Nos fuimos a cenar a un bar junto al río y allí después de preguntar por alojamiento, algunos clientes nos solucionaron el problema: una casa con camas para todos en 65 €. En la terraza del bar y junto al río repusimos líquidos (no de agua) y una buena cena y después a dormir.

Domingo por la mañana a casita.

¡Una ruta estupenda después de todo!

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